domingo 17 de octubre de 2021 - Edición Nº1047

Sociedad | 6 oct 2021

CIUDADES BONAERENSES

De ser la segunda ciudad turística en los 80’ a quedar bajo el agua salada: la vieja historia de Epecuén y cómo intenta resurgir

Del esplendor turístico a la tragedia, el recuerdo de la inundación de 1985 que dejó a la ciudad en ruinas. Qué se ve y qué se puede hacer hoy en la olvidada ciudad bonaerense.


Esplendor, tragedia y resiliencia. Estas tres palabras resumen los 100 años de Villa Epecuén, un pueblo que supo competir con Mar del Plata en cantidad de turistas, pero que de un día para el otro todo ese imperio de hoteles, balnearios y comercio quedó en ruinas.

La laguna, también conocida como el “mar de Epecuén”, era la razón principal por la que miles de turistas, incluidos celebridades como Sandro, Mirtha Legrand y Luis Sandrini pisaron la localidad del partido bonaerense Adolfo Alsina. Pero esas aguas también fueron responsables de la tragedia. El 10 de noviembre de 1985 la cuenca se apoderó del pueblo.

“A las 6 de la mañana de ese día estábamos todos muy alterados porque había una tormenta muy fuerte. Empezó a filtrar agua por el terraplén. Tratamos de frenarla con bolsas de arena y arpillera que habíamos preparado”, recuerda Viviana Castro, vecina y guía del lugar con el diario Clarín sobre lo que pasó con el muro que protegía a la localidad.

La evacuación fue inminente. Había que desalojar casas y complejos hoteleros lo más rápido posible. Los vecinos que todavía no habían sido afectados se solidarizaron con los que estaban en situaciones críticas. A las pocas horas se cortó la luz y se quedaron sin agua potable.

“En ese momento, estaba todo preparado para comenzar la temporada. Los hoteles habían pintado, hecho nuevas habitaciones y arreglos. Nadie imaginaba la inundación. Mucha gente no creía que les fuera a tocar a ellos, de hecho hacían pequeñas paredes en las puertas de las casas para que el agua no ingresara”.

Los intentos fueron en vano. En menos de un mes, no quedaba nadie en Epecuén. El agua siguió entrando durante años. En el 92 Carhué, ciudad cabecera del partido y ubicada a 7 kilómetros de distancia, sufrió peligro de inundación.

Para el invierno de 1993 Villa Epecuén estaba sumergida bajo 7 metros. Durante 20 años el pueblo estuvo tapado por la laguna. “Lo que el agua salada tocaba, lo destruía”.

Los 1.500 habitantes tuvieron que abandonar sus hogares y trabajos. Varios fueron a pedirle asilo a otros familiares. Hoy, la mayoría está instalada en Carhué.

La popularidad de este lugar se debía íntegramente a su laguna. Estudios realizados desde 1886 explican que la altísima concentración de minerales, que la hace hipermarina, es comparable únicamente con el Mar Muerto.

“Las aguas son únicas. Los turistas sabían que de verdad curaban y aliviaban. La gente de mucho poder adquisitivo venía a Epecuén. Fue haciéndose una villa turística por excelencia. Año tras año se hacían más complejos. En ese momento se competía con Mar del Plata en cuanto a cantidad de turistas”, recuerda Castro.

Con la llegada del tren a Carhué en 1899 aparecieron los primeros visitantes. Para 1909 la Provincia de Buenos Aires envió una comitiva de especialistas formada por médicos y científicos que reveló las propiedades del agua. El 23 de enero de 1921 se inauguró el primer Balneario en Epecuén y desde entonces el crecimiento fue en aumento.

Se construyeron hoteles, residencias y aparecieron empresas que vendían barros curativos y jabones. En la década del 70 llegó a recibir a 25.000 turistas con 6.000 plazas hoteleras declaradas y 250 establecimientos comerciales.

Personas con artritis, artrosis, psoriasis y otras enfermedades de la piel, fueron tratadas a lo largo de casi más de un siglo. Los expertos en el tema eran los embarradores. Estas personas, conocían en qué sector del lago se encontraba el mejor fango y untaban a las personas con ese lodo. “Hoy se sigue haciendo. En verano, en la playa está la embarradora que hace fangoterapia. En los spa de los hoteles usan el agua natural de la laguna y también realizan tratamientos”.

La primera vez que Castro regresó al pueblo fue tres meses depués de la inundación. "Con mi mamá, mi hermana y mi hijo más grande, nos fuimos a Buenos Aires a lo de mis abuelos. Cuando volvimos, llegamos a mi casa por el techo, en una balsa".

De a poco el agua fue dando tregua. “La laguna es evaporita, tiene dos afluentes, pero no tiene salida. Solamente es por evaporación. Empezó a bajar paulatinamente hasta que empezó a descubrirse casi todo el pueblo”.

Hoy quedan las ruinas de una localidad que ya se había consolidado como destino turístico. Casas, hoteles, estación de servicio, correo. Todo convertido en un pueblo fantasma.

"Los que vuelven van a ver su casa. De la mía solo hay restos. Están todas identificadas. Me pasa que cuando camino por las calles, siento los olores, sonidos, recuerdo cómo estaba cada cosa. Es mi lugar en el mundo y de alguna forma, para mí está vivo".

Aunque no se puede comparar con la cantidad de turistas de años atrás, el interés de los visitantes no disminuyó. El recuerdo de lo que fue, el relato viviente de los actuales vecinos de la zona, la nostalgia y lo que queda en pie, forman un combo atractivo para los viajeros actuales.

El 5 de marzo de 2018, una ordenanza dio origen a la Reserva Natural Municipal. Su inauguración oficial fue el 22 de julio de 2019 con el objetivo de darle mayor protección a los diferentes ambientes naturales, históricos y culturales de Epecuén.

"Hoy gracias a las obras que hizo la exgobernadora (María Eugenia) Vidal - puso en valor las cuencas de las escalonadas, las compuertas, hizo limpieza de canales y habilitación de las bombas - podemos decir que Epecuén no se va a inundar nunca más, pero tuvimos que esperar más de 30 y pico de años", finalizó Castro.

Hoy en día vuelve a impulsarse como centro turístico intentando atraer a miles de argentinos a conocer sus ruinas, aguas curativas y viejas historias.

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